






















































Memento mori
El agua se rompe en las olas, estalla contra la roca, se diluye en la niebla espesa, se desliza por un glaciar en deshielo o cae como un golpe seco en medio de la tormenta. Su presencia es constante: está y se va.
Este cuerpo de obra nace de una búsqueda persistente: seguir su rastro, registrar el movimiento, la transformación, lo que no se deja fijar, lo que se repite sin ser igual, lo que amenaza con desaparecer en el mismo instante en que se revela. El agua no solo fluye: erosiona, perfora, arrastra, borra. Su ritmo puede ser leve o brutal. Siempre hay un borde de peligro, una tensión entre calma y estallido.
Cada imagen acompaña un proceso: mirar cómo algo se forma y se deshace al mismo tiempo.
Memento Mori no es solo un recordatorio de lo efímero. Es sostener la mirada en lo que se descompone. En lo sublime, cuando asusta. En lo bello, cuando amenaza.
Paisajes sin escala. Bordes que se desdibujan. La sensación de estar adentro y afuera a la vez.
Siempre igual. Siempre distinta.
Donde sea que vaya, busco lo mismo.















































































































































































































